Aquí es donde los acordeones dicen la verdad.
Llevo años trabajando con acordeones por fuera, y desde hace una década también por dentro.
Cuéntame qué le pasa a tu acordeón y te diré si merece la pena repararlo o no.
Lo que no se ve desde fuera
Desde fuera, muchos acordeones parecen iguales.
Brillan.
Suenan.
Funcionan.
Desgastes invisibles.
Afinaciones inestables.
Ajustes mecánicos mal hechos.
Piezas que ya no responden como deberían.
Y eso no se ve…
hasta que empiezas a tocar en serio.
Mi forma de trabajar
No reparo acordeones desde la teoría.
Los reparo y afino desde mi perspectiva de acordeonista profesional.
Los abro.
Los ajusto.
Los afino.
Los escucho.
¿Y luego? Pues los disfruto un poco antes de entregarlos, porque me encanta saborear el fruto de mi trabajo y valorar el antes y el después, además de comprobar que todo ha salido bien.
Y después de hacer esto durante años, entiendes algo importante:
Y eso cambia completamente cómo se deben elegir, cuidar o incluso reparar.
Tocar con un acordeón bien afinado lo cambia todo.
Si el tuyo no lo está, escríbeme.
Qué hago en el taller
Reparo y afino acordeones bajo mi experiencia como concertista, con la exigencia como si fueran para mí.
También hay que ser claro aquí:
No todo acordeón merece ser reparado.
A veces, la mejor decisión no es reparar…
y eso también hay que saber decirlo.
No trabajo para todo el mundo
No cojo todos los trabajos.
Reparo acordeones que tienen sentido reparar,
y/o con personas que valoran su instrumento.
Si buscas una solución rápida o "arreglarlo como sea", probablemente no soy la mejor opción.
Si quieres hacer las cosas bien, sí.
Cosas que veo en el taller
(y que no se ven desde fuera)
El acordeón de 12.000 € que no sonaba.
Pablo, desde Galicia, compró un acordeón de más de 12.000€.
Pero cuando llegó, algo no encajaba. No respondía como debía, no sonaba al tocar piano (flojo).
Al abrirlo en el taller, el problema estaba claro: las voces no venían bien ajustadas de fábrica.
Las ajusté en función de la forma de tocar de Pablo.
Pablo feliz, y yo, más.
Porque no basta con que un acordeón sea bueno.
Tiene que estar bien ajustado… para quien lo toca.
Cuando no compensa reparar… y aún así, lo hacemos.
Antes de tocar nada, le hice una pregunta algo inquietante:
¿Le tienes cariño a este acordeón?
Pero dijo que sí, que lo encontraba liviano y manejable, y que le haría ilusión volver a disfrutarlo como antes.
Así que bloqueé varias semanas en el calendario para el acordeón de Sergio y realicé la reparación.
Hoy tiene su acordeón funcionando perfectamente y podrá disfrutarlo durante muchos años más.
Sergio feliz, y yo…pues también.
No todo se decide con números, las emociones también importan.
Esto es más habitual de lo que parece.
Y eso me lo han enseñado personas como Sergio.
Lo que pasa antes de que tú lo veas
Pedro, de Sabadell, compró un acordeón nuevo, precioso, con acabado en madera vista pintada.
Durante la revisión en el taller detecté un pequeño desconchón en la pintura.
Pedro esperó un poco más, pero lo recibió como debía: perfecto.
Un acordeón no se entrega «como llega».
Se entrega como debe estar.
Si tu acordeón no te satisface,
no lo dejes pasar.
Otras veces, no.
Pero cuanto antes sepas lo que hay, mejor.
Cuatro formas de ver un acordeón
Pero es en el taller donde todo encaja.
Porque aquí no hay teoría.
Aquí está la realidad.
Dentro del taller
Hay quien prefiere que le reparen el acordeón.
Y hay quien quiere entenderlo y hacerlo por sí mismo.
Estoy trabajando en algo para ellos.
Si eres de los segundos, escríbeme y te cuento.
